Ahora ya no puede evitar acomodarse junto a la ventana y dejar escapar la cabeza y el corazón por los senderos del recuerdo, vagabundos de los rincones más olvidados de su vieja memoria. O no vieja. Quizá aún no vieja, no en edad…, pero sí en espíritu. Incorruptible . Una decrepita y arrugada sucesión de recuerdos encadenados, eso eran. Algunos tan mal organizados que la llevaban y traian de la juventud a la madurez y de regreso a la infancia, sin orden ni concierto, sentada en la mecedora.
La mecedora. Solo allí era capaz de retomar la vida perdida. El último asidero.
La mecedora. Solo allí era capaz de retomar la vida perdida. El último asidero.

1 comentario:
Te he leido y me ha gustado mucho,no es lo tipico que se dice de un blog,es sincero,muy interesante,sigue escbribiendo!!
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