“Lo oigo en la otra habitación. Lo imagino con claridad. Juego a poseer su mente y visualizo como se levanta del eterno sillón y camina con paso lento, estirando la espalda por el pasillo a oscuras. Escucho sus pasos sobre el parquet, asoma por la puerta y penetra en el cuarto como la presencia imponente que es.
Se acercará a la cama, su peso hará retroceder el colchón, acariciará mi pelo con esa ternura desvaída con que aparta mechones de entre mis pestañas y sonreiré, porque la felicidad me hace sonreír desde que tengo ocho años. Y él sonreirá porque le gusta arrancarme sonrisas desde que tengo treinta…
Solo que yo estoy aquí, sola, en la cama.
Y el solo está allí.”
domingo, 6 de abril de 2008
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

No hay comentarios:
Publicar un comentario