“Tengo en casa un pequeño escabel pintado a mano.
Me enamoré de él en Montmartre. El artista, un japonés minucioso, reprodujo ante mis ojos decenas de mariposas iridiscentes sobre tela adamascada de color glauco. Cada vez que lo miro, evoco los infantiles veranos del jardín de mis abuelos. Algo parecido a un deja vû. Como cuando miro tus nalgas al salir de la cama y recuerdo las ciruelas doradas en que se posaban.
Me enamoré de él en Montmartre. El artista, un japonés minucioso, reprodujo ante mis ojos decenas de mariposas iridiscentes sobre tela adamascada de color glauco. Cada vez que lo miro, evoco los infantiles veranos del jardín de mis abuelos. Algo parecido a un deja vû. Como cuando miro tus nalgas al salir de la cama y recuerdo las ciruelas doradas en que se posaban.
Luego me olvido.”

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