“No derramé una lágrima cuando murió bambi. Ni más tarde con Chanquete. Nunca logró arrancarme el llanto un poema, por mucho que algunas palabras reunidas, meciéndose al son de su propio ser, me acongojaron, a veces, un poquito.
En el dolor, apreté los dientes. Deambulé en la soledad. Mi piel se estremeció en secano. La emoción me encontró estéril. Contemplé deshidratada el transcurso árido del sollozo que exudaron mis ojos desabridos y descubrí mi propia sequedad, en el hueco del ombligo. Luego, el colirio. Y el hecho. No se llorar.
.
Hoy, un estremecimiento profundo se generó al diseminarse el orgasmo, como un grito desgarrado. Una marea de placer y desconcierto, lamiendo cada simulado recodo del cuerpo desnudo y de pronto, como una inesperada opresión húmeda, incontinente, que no se puede detener… llegó el llanto.
Un derramamiento cruel de lágrimas que no es amor, gozo o regocijo carnal, sino un estertor de vida que se retuerce con furia de recién nacido. Arañazos salados de lágrima inaugural me surcan las mejillas y se mezclan con sudor y besos y caricias y preguntas. “¿Porqué lloras?” me interroga la oscuridad tras los parpados cerrados.
“No lloro. Yo no se llorar.”
En el dolor, apreté los dientes. Deambulé en la soledad. Mi piel se estremeció en secano. La emoción me encontró estéril. Contemplé deshidratada el transcurso árido del sollozo que exudaron mis ojos desabridos y descubrí mi propia sequedad, en el hueco del ombligo. Luego, el colirio. Y el hecho. No se llorar.
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Hoy, un estremecimiento profundo se generó al diseminarse el orgasmo, como un grito desgarrado. Una marea de placer y desconcierto, lamiendo cada simulado recodo del cuerpo desnudo y de pronto, como una inesperada opresión húmeda, incontinente, que no se puede detener… llegó el llanto.
Un derramamiento cruel de lágrimas que no es amor, gozo o regocijo carnal, sino un estertor de vida que se retuerce con furia de recién nacido. Arañazos salados de lágrima inaugural me surcan las mejillas y se mezclan con sudor y besos y caricias y preguntas. “¿Porqué lloras?” me interroga la oscuridad tras los parpados cerrados.
“No lloro. Yo no se llorar.”

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