martes, 8 de abril de 2008

MICRORELATO

Ahora ya no puede evitar acomodarse junto a la ventana y dejar escapar la cabeza y el corazón por los senderos del recuerdo, vagabundos de los rincones más olvidados de su vieja memoria. O no vieja. Quizá aún no vieja, no en edad…, pero sí en espíritu. Incorruptible . Una decrepita y arrugada sucesión de recuerdos encadenados, eso eran. Algunos tan mal organizados que la llevaban y traian de la juventud a la madurez y de regreso a la infancia, sin orden ni concierto, sentada en la mecedora.
La mecedora. Solo allí era capaz de retomar la vida perdida. El último asidero.

1 comentario:

Dolar y Gala. dijo...

Te he leido y me ha gustado mucho,no es lo tipico que se dice de un blog,es sincero,muy interesante,sigue escbribiendo!!