domingo, 6 de abril de 2008

MINI RELATO

Se acercó a cojeras el mutilado, apoyándose en un palitroque doblado que se combaba peligrosamente a cada paso que daba. Inmundo, desnutrido y piojoso, arrastraba una pata muerta tras de si, dejando surcos en la tierra de la plazoleta, como filamentos de medusa o regueros de pólvora seca.
Recién se hubo sentado, con un gruñido estertor, empezó a proferir exclamaciones de disgusto, aporreando la mesa en un vivo reclamo de atención. Tan pueril resultaba su presencia que para los presentes fue una sorpresa ver como el caballero extranjero, impoluto y aseado, se acercaba sombrero en mano y tomaba asiento con ademán respetuoso al lado del infame.
María les sirvió vino y aperitivo, de rigor al mediodía, contoneando el faldón y las caderas, con disgusto por atender al apestoso loco Miguel, pero consolándose en su fuero interno con el secreto placer de mirar, un poquito más de cerca, al atractivo forastero del que hablaban los corrillos de lavanderas. De un modo tan infantil se le arrebolaron las mejillas y le subió el color, que la infeliz soñó por semanas con la débil sonrisa con que creyó ser correspondida. Aunque no hubo tal, pues aquel ni se inmutó en su presencia, apenas ojeándola de soslayo para ignorarla después en beneficio del borracho, por mucho que se atreviera ella a dedicarle, en tonito zalamero, un buen día a su merced que más de uno envidió.
La extraña pareja comenzó el encuentro sin apretón de manos o manifestación alguna de compañerismo. Más aún, semejaban avenirse a tramar un intrincado complot alrededor del cuenco de los chochos, tan bajito conversaban. El vino se perdía por la garganta del patán con la velocidad en la que el otro colmaba hasta el mismo borde su copa. Ambos parecían intercambiar nostalgias y anécdotas, hablaban rápido como confidentes de un secreto común... y hasta llegaron a abrazarse, aseguraron las lenguas malparidas.
Nadie averiguó nunca qué hablaron o urdieron.
El joven partió al día siguiente rumbo a las américas. El anciano murió a los días.
Es así que ambos se llevaron el secreto de su encuentro, el uno al horizonte y el otro a la tumba.

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