sábado, 5 de abril de 2008

MICRORELATO

Como se te ocurre pensar que no soy de aquí- dice, apretando los dientes. El cabello pelirrojo alborotado contra el suspiro del alisio, la piel tostada plagada de pecas, los dedos largos y delicados, de pianista eslovaco, retorcidos alrededor del bastón.
Mírame a los ojos, por Dios!- exclama irritado.

Azules como el océano que se extiende a su espalda, salpicado de piedras negras y grises, a los pies de una costa a la que ya se le olvidó que un día llegó y no siempre estuvo aquí. Olvidos compartidos.
Que me mires te digo!... - su voz se embelesa como la miel de palma caliente-
... se nos nota. Lo exudamos como un perfume oneroso. Nos movemos como las islas se contonean en el océano. Herederos de una tierra que maniobra con el sol y echa pulsos al mar que nos encinta las caderas. Rezumamos canariedad como el queso majorero destila su suero, hijos de un atlántico embriagador que cincela cuerpos y mentes al margen de humanidades.
¡Claro que soy canario! Mi piel te lo grita enfurecida de bronce y oro. Mi lengua se atasca en tu oído, mis manos entorpecen tu vista.
Una vez me llamaron hijo del cielo y mi corazón se estremeció...
Una lágrima escapa a hurtadillas y se desliza por la piel cuarteada. Se pasa la lengua por los viejos labios y el sabor a sal lo convence finalmente.
Que sabrás tú… que ignoras el oleaje de mi alma.

Eso. Que sabré yo.

No hay comentarios: